La relectura espiritual: los ojos mirando al mañana
“Hay algo bueno en este mundo, señor Frodo… y vale la pena luchar por ello.”
Sam Gamgi, El Señor de los Anillos, Las dos torres.

En uno de los momentos más oscuros del camino, cuando todo parece perdido y el cansancio pesa más que la esperanza, Sam le recuerda a Frodo, en el Señor de Los Anillos, que todavía existe algo bueno por lo cual vale la pena seguir adelante. Esa escena toca algo muy profundo del corazón humano: aun en medio de las dificultades, necesitamos volver a mirar hacia adelante con esperanza.
La relectura espiritual termina precisamente así: mirando el mañana desde la confianza y el deseo. Después de agradecer y de pedir luz y perdón, la oración nos invita a presentar al Señor el día que vendrá. No se trata de controlar el futuro ni de imaginarlo todo perfectamente. Se trata más bien de ofrecerle al Señor lo que deseamos vivir y pedirle la gracia de caminar con el corazón vuelto hacia Él.
Este último momento nace de la experiencia hecha durante la relectura. Poco a poco vamos reconociendo qué cosas nos conducen hacia más vida, más libertad y más amor, y cuáles nos apartan de ello. Con esa experiencia sencilla del corazón, entramos en el mañana con mayor conciencia y disponibilidad.
El Evangelio está lleno de esta confianza serena en el Padre. Jesús mismo invita a vivir el día con abandono y sencillez: “No se inquieten por el mañana; el mañana se inquietará por sí mismo” (Mt 6,34). Estas palabras invitan a aprender a caminar confiando en que Dios ya está presente también en aquello que todavía no conocemos, porque Él va por delante.
Ignacio de Loyola comprendía la vida espiritual como un camino continuo de crecimiento en disponibilidad y ofrecimiento. Para san Ignacio, el corazón humano está llamado a hacerse cada vez más libre para responder al amor de Dios en lo concreto de la vida cotidiana. Por eso, al terminar el día, luego de agradecer, también es importante disponerse interiormente para el día siguiente, preguntándonos ¿cómo quiero vivir mañana? ¿con qué actitud y disposición?
A veces bastará ofrecer un encuentro importante, una conversación difícil o una decisión que debemos tomar. Otras veces simplemente podremos pedir la gracia de vivir el mañana con más paciencia, más apertura o más confianza. La oración va preparando lentamente el corazón para responder mejor al amor de Dios en medio de lo cotidiano.
Así, la relectura espiritual nos pone en relación con el Señor y los hermanos y hermanas abriéndonos a la vida. Cada mañana vuelve a ser un lugar posible de encuentro con el Señor.
Quizás esta noche podrías detenerte unos minutos y preguntarte:¿Qué deseo vivir mañana?¿Qué gracia necesito pedirle hoy al Señor?¿Qué actitud quisiera cuidar más en el día que comienza?¿Cómo puedo permanecer más disponible a Dios y a los demás?
Confía en que el mañana que el Señor pone en tus manos es una oportunidad de ofrecerte fielmente para caminar con el Él. Estás en sus manos.





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