Primer Viernes: en el Corazón de Jesús, nadie sufre solo

Este viernes 2 de octubre celebramos el Primer Viernes de mes, una jornada especialmente vinculada a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Al comenzar octubre queremos vivirla, además, unidos a la intención que el Papa confía este mes a su Red Mundial de Oración:
«Por la pastoral de la salud mental. Recemos para que la pastoral de la salud mental se integre en toda la Iglesia, ayudando a superar el estigma y la discriminación contra las personas con enfermedades mentales».
Dos realidades que pueden iluminarse mutuamente: contemplar el Corazón de Cristo y aprender de Él a acercarnos a las heridas del corazón humano, también a aquellas que no se ven.
«Venid a mí los que estáis cansados y agobiados»
La devoción al Corazón de Jesús nos conduce al centro mismo de nuestra fe: al amor de Dios manifestado en Jesucristo.
Cuando contemplamos su Corazón, contemplamos a Cristo que ama, se compadece, busca al que está solo, se acerca al herido y devuelve dignidad y esperanza. En el Evangelio encontramos continuamente esta manera de actuar de Jesús.
«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28).
Estas palabras adquieren una resonancia particular cuando pensamos en las personas que atraviesan dificultades relacionadas con su salud mental.
Hay sufrimientos que pueden verse fácilmente. Otros permanecen escondidos durante mucho tiempo. La depresión, la ansiedad y otras enfermedades y trastornos mentales pueden ir acompañados de soledad, incomprensión e incluso del temor a contar lo que se está viviendo.
A veces, al propio sufrimiento se añade otro: sentirse juzgado o incomprendido.
Ante estas realidades, contemplar el Corazón de Jesús nos enseña una manera distinta de mirar.
Un Corazón que no excluye
Jesús nunca reduce a una persona a aquello que le sucede.
Antes que una enfermedad, una dificultad o un diagnóstico, hay siempre una persona. Una historia. Un rostro. Alguien amado por Dios.
Esta mirada es especialmente importante cuando hablamos de salud mental. Todavía existen prejuicios, silencios y estigmas. También dentro de nuestras comunidades cristianas podemos caer en explicaciones demasiado sencillas ante realidades humanas muy complejas.
El sufrimiento psicológico no puede reducirse a una falta de fe ni resolverse simplemente diciendo a una persona que debe rezar más.
La oración, los sacramentos y el acompañamiento de la comunidad cristiana pueden ser un apoyo fundamental. Y, al mismo tiempo, cuando es necesario, la persona necesita recibir la atención adecuada de profesionales de la salud mental.
Ambas dimensiones no tienen por qué enfrentarse. Una Iglesia que contempla el Corazón de Jesús está llamada a ser una Iglesia que acoge, escucha y acompaña.
Reparar ante el Corazón de Jesús
El Primer Viernes está tradicionalmente unido también a la reparación al Corazón de Jesús.
Reparar es responder con amor al Amor que no es amado. Es reconocer aquello que hiere el Corazón de Cristo y disponernos a responder a su amor. Y esta reparación no puede quedar desconectada de nuestros hermanos.
Si queremos consolar el Corazón de Cristo, debemos aprender también a reconocerlo presente en quienes sufren.
Nos debería doler que una persona con una enfermedad mental sea objeto de burla o discriminación.
Nos debería doler que alguien tenga que esconder su sufrimiento por miedo a ser juzgado.
Nos debería doler la soledad de tantas personas que atraviesan una depresión sin encontrar a alguien dispuesto a escucharlas.
Nos debería doler el sufrimiento de las familias que acompañan durante años situaciones difíciles y que también necesitan ser escuchadas y sostenidas.
Y nos debería interpelar que alguien pueda acercarse a una comunidad cristiana buscando acogida y encuentre incomprensión.
También ahí podemos vivir la reparación: respondiendo con amor allí donde encontramos una herida.
Del Corazón de Cristo al corazón del hermano
La auténtica devoción al Corazón de Jesús transforma nuestra manera de relacionarnos. No basta contemplar su imagen. Queremos aprender de Él. «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29).
Aprender del Corazón de Jesús puede significar este mes algo muy concreto: aprender a escuchar.
Escuchar sin apresurarnos a dar soluciones.
Escuchar sin juzgar.
Escuchar sin convertir inmediatamente el sufrimiento de otra persona en un discurso.
Escuchar respetando los silencios.
Y saber también reconocer nuestros límites, ayudando a buscar atención profesional cuando sea necesaria.
Quizá una de las formas más sencillas de acompañar sea hacer sentir a la otra persona: estoy aquí; tu sufrimiento me importa; no tienes que ocultarlo; no estás solo.
Comunidades que sean casa
La intención del Papa para octubre nos invita a dar un paso más: no se trata únicamente de actitudes individuales. Se nos pide que la pastoral de la salud mental se integre en toda la Iglesia. Esto nos lleva a preguntarnos por nuestras parroquias, comunidades y grupos.
¿Son lugares donde una persona puede hablar de su sufrimiento sin miedo?
¿Sabemos acompañar a las familias?
¿Estamos ayudando a superar el estigma que todavía rodea a las enfermedades mentales?
¿Sabemos distinguir entre acompañamiento espiritual y atención sanitaria, favoreciendo la colaboración y no la contraposición entre ambos?
¿Prestamos atención a quien comienza a aislarse?
¿Sabemos simplemente estar al lado de alguien cuando no tenemos respuestas?
El Corazón de Jesús puede enseñarnos a construir comunidades donde la fragilidad no sea motivo de exclusión. Comunidades donde nadie tenga que fingir que está bien para sentirse aceptado.
Ante Jesús en la Eucaristía
El Primer Viernes nos lleva de manera especial a la Eucaristía. En ella encontramos a Cristo que nos ha amado hasta el extremo y que continúa entregándose por nosotros.
Y ante Jesús presente en el Santísimo podemos llevar este mes tantos nombres y tantos rostros...
A quienes sufren ansiedad.
A quienes atraviesan una depresión.
A quienes padecen una enfermedad mental grave.
A quienes viven momentos de profunda oscuridad.
A quienes sienten que nadie los comprende.
A las familias que acompañan.
A los profesionales de la salud mental.
A sacerdotes, religiosos, agentes de pastoral y comunidades que intentan acompañar estas situaciones.
Y también a quienes sufren en silencio y cuyo dolor solamente Dios conoce.
Ante el Corazón de Jesús no necesitamos tener todas las respuestas. Podemos simplemente presentar, acompañar y permanecer.
Una oración para este Primer Viernes
Señor Jesús, manso y humilde de corazón, enséñanos a mirar como Tú miras.
Danos un corazón capaz de reconocerlas heridas que no siempre se ven.
Que sepamos escuchar sin juzgar, acompañar sin invadir y acercarnos sin miedo.
Consuela a quienes atraviesan momentos de oscuridad y sufrimiento.
Sostén a sus familias y fortalece a quienes los acompañan.
Ayuda a nuestras parroquias y comunidades a ser lugares de acogida, donde nadie tenga que esconder su fragilidad para sentirse amado.
Haz nuestro corazón semejante al tuyo y enséñanos a responder con amor a las heridas de nuestros hermanos.
Sagrado Corazón de Jesús,en Ti confiamos.
Amén.
Reza este mes con el Papa
Durante todo octubre, la Red Mundial de Oración del Papa nos invita a hacer nuestra esta intención y a incorporarla a nuestra oración cotidiana.
El Video del Papa
En El Video del Papa de octubre, León XIV nos invita a rezar por la pastoral de la salud mental y a prestar atención a tantas heridas que permanecen escondidas.
Por la pastoral de la salud mental
El Audio del Papa
También podemos rezar esta intención con El Audio del Papa, preparado por Rezando Voy, que nos ayuda a entrar personalmente en la intención que el Santo Padre confía este mes a toda la Iglesia.
El Audio del Papa – Octubre: Por la pastoral de la salud mental
Disponible en Rezando Voy:
Este Primer Viernes, al acercarnos a la Eucaristía y contemplar el Corazón de Jesús, llevemos ante Él especialmente a quienes viven alguna dificultad relacionada con su salud mental. Y pidámosle una gracia también para nosotros: que contemplar su Corazón transforme el nuestro.
Que nuestras comunidades sepan reconocer las heridas que no se ven, que aprendamos a acompañarnos unos a otros y que cada persona que atraviesa el sufrimiento pueda encontrar en la Iglesia un lugar donde sentirse acogida, respetada y acompañada.
Porque cuando aprendemos del Corazón de Jesús, nadie debería tener que sufrir solo.




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