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Convivencias del MEJ de Madrid en Cercedilla

hace 4 horas
4 min de lectura

Los jóvenes del Movimiento Eucarístico Juvenil de Madrid participaron, del 23 al 25 de octubre, en una convivencia en Cercedilla, marcada por la reflexión personal, la oración y el encuentro con Jesús.


El Movimiento Eucarístico Juvenil (MEJ) de Madrid celebró durante el fin de semana del 23 al 25 de octubre una convivencia en Cercedilla. Fueron unos días dedicados a compartir la vida, fortalecer los lazos de amistad y profundizar en la relación personal con Jesús, descubriendo que cada persona es amada por Dios tal como es.


A través de distintas propuestas de reflexión y oración, los jóvenes tuvieron la oportunidad de detenerse, mirar su propia vida con sinceridad y preguntarse por su identidad, sus inquietudes y sus deseos más profundos.


La convivencia estuvo centrada en una experiencia fundamental: aprender a mirarse a uno mismo desde la mirada de Jesús, reconociendo que nuestro valor no depende de lo que hacemos o de lo que los demás piensan de nosotros.


¿Quién soy cuando nadie me está mirando?


Uno de los ejes del encuentro fue la reflexión sobre la propia identidad y la influencia que tiene en nuestra vida la mirada de los demás.


En un mundo en el que con frecuencia sentimos la necesidad de agradar, destacar o demostrar nuestro valor, los jóvenes fueron invitados a plantearse preguntas que no siempre resultan fáciles de responder:


¿Qué necesito que los demás piensen de mí? ¿Qué me preocupa que descubran? ¿Quién soy cuando nadie me está mirando? ¿Valgo realmente?


Estas cuestiones ayudaron a profundizar en el conocimiento personal, reconociendo tanto las propias capacidades como las inseguridades, los límites y las dificultades.


La reflexión permitió descubrir una verdad esencial de la fe cristiana: nuestro valor no depende del reconocimiento, de los éxitos ni de la imagen que proyectamos, sino del amor incondicional que Dios nos tiene.


A solas con Jesús


Uno de los momentos más significativos del itinerario espiritual fue la propuesta de oración personal titulada «A solas conmigo».


Los participantes fueron invitados a buscar un lugar tranquilo, guardar silencio y ponerse en presencia de Jesús, dejando a un lado las preocupaciones y las voces que habitualmente acompañan nuestra vida.


El material de oración proponía un diálogo cercano con Jesús, que comenzaba con una invitación a compartir con Él lo que cada uno llevaba en el corazón.


La pregunta que acompañó esta experiencia fue especialmente significativa:


«¿Quién soy cuando me encuentro delante de Jesús?»


A partir de ella, los jóvenes pudieron reflexionar sobre la diferencia entre la imagen que mostramos a los demás y lo que verdaderamente somos ante Dios.


El itinerario recordó también las palabras pronunciadas por el Padre en el bautismo de Jesús: «Este es mi Hijo amado» (cf. Mt 3,17).


Desde esta certeza, la oración invitó a descubrir que Dios nos ama antes de nuestros logros, de nuestros esfuerzos y de cualquier mérito personal.


Un amor que no exige demostrar nada


Otra de las ideas centrales de la convivencia fue descubrir que el amor de Jesús no es una recompensa que debamos conseguir, sino un regalo que recibimos gratuitamente.


Jesús conoce nuestras fortalezas y nuestras fragilidades, nuestros aciertos y nuestros errores. Y precisamente desde ese conocimiento profundo nos ama y nos invita a seguir creciendo.


Los materiales de reflexión ayudaron a comprender que reconocer los propios límites no significa resignarse a ellos, sino abrirse a la posibilidad de cambiar y dejarse transformar por el amor de Dios.


De esta manera, los jóvenes fueron invitados a pasar de la pregunta «¿Quién soy?» a otra todavía más profunda:


«¿Quién puedo llegar a ser si dejo que Jesús sea el centro de mi vida?»


Una pregunta que abre el horizonte de una vida vivida desde la confianza, la libertad y la amistad con Jesús.


Compartir la fe y caminar juntos


Junto a los momentos de reflexión personal, el itinerario también concedió importancia a la dimensión comunitaria de la fe.


Los participantes fueron invitados a compartir libremente aquello que habían descubierto durante la oración: una inquietud, una pregunta, un agradecimiento o una experiencia personal.


La propuesta puso de relieve el valor de escuchar y acompañar a los demás, reconociendo que nadie recorre solo el camino de la fe.


La convivencia ofreció así un espacio para fortalecer los vínculos entre los jóvenes y seguir construyendo una comunidad en la que cada persona pueda sentirse acogida, escuchada y acompañada.


Crecer en amistad con Jesús desde su Corazón


El Movimiento Eucarístico Juvenil forma parte de la Red Mundial de Oración del Papa y propone a niños y jóvenes un camino de formación humana y espiritual que les ayuda a crecer en amistad con Jesús y a vivir disponibles para su misión.


La convivencia de Cercedilla se situó en esta propuesta educativa y espiritual, que busca integrar la oración, la vida cotidiana, la amistad y el servicio a los demás.


Durante estos días, los jóvenes tuvieron la oportunidad de profundizar en una convicción que está en el corazón de la espiritualidad del MEJ: somos amados por Jesús, llamados a vivir en amistad con Él y enviados a compartir ese amor con los demás.


El encuentro de Cercedilla fue una nueva oportunidad para continuar este camino, aprendiendo a reconocer la presencia de Dios en la propia historia y descubriendo que la vida adquiere una nueva profundidad cuando nos dejamos mirar y amar por Jesús.


Porque descubrir quiénes somos ante Jesús es también comenzar a descubrir quiénes estamos llamados a ser.

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