Tres consejos rápidos para orar como San Ignacio en el día de su fiesta


Una ráfaga de bala de cañón paraliza a un joven soldado. Cae al suelo en agonía, con la rodilla destrozada junto con sus sueños de gloria. En las próximas semanas, su pierna se cura. Más dramáticamente, recoge los pedazos de sus ambiciones rotas y Dios las reordena en algo mucho más significativo: una vida vivida Ad Majorem Dei Gloriam, "para la mayor gloria de Dios".


Quinientos años después de aquella ráfaga de bala de cañón, honramos a ese hombre, Ignacio Loyola, como un visionario y santo en su festividad, el 31 de julio. Hoy en día muchas de nuestras vidas también se han roto de maneras que no esperábamos. A medida que trabajamos para encontrar nuestros propios caminos para ir hacia adelante, ¿Cómo puede este santo guiarnos? Abramos la caja de herramientas de sus Ejercicios Espirituales para entresacar tres tips ignacianos para ayudarnos.


1. "Ora por la gracia".


En los Ejercicios Espirituales, San Ignacio nos pide que comencemos siempre con una intención: ¿Qué espero obtener de esta experiencia? ¿Qué quiero? Esto podría ser un conocimiento más profundo de Cristo o una conciencia de mis propios hábitos pecaminosos. O podría significar la guía de Dios para terminar un proyecto importante o para ser paciente con mi jefe loco. Antes de ir a la escuela, al trabajo o al campamento de verano, podemos orar por esa gracia: "Señor, esto es lo que estoy pidiendo hoy..."


2. Mira hacia atrás en este día con gratitud (y tristeza).


San Ignacio nos invita a cada uno de nosotros a tomar diez minutos al final de cada día para reflexionar con espíritu de oración sobre lo que hemos experimentado y hecho en el día. La oración nos pide que comencemos con gratitud: "Doy gracias a Dios nuestro Señor por los beneficios que he recibido".


Esto nos insta a preguntar: ¿Qué gracias me ha dado Dios? Tal vez una taza tranquila de café por la mañana, o una buena conversación con mi cónyuge en la cena. Toma nota y "da gracias a Dios".


A continuación, "pido la gracia de conocer mis pecados y deshacerme de ellos". ¿Qué no hice bien hoy, por mi propia impaciencia y egoísmo? Sí, el hombre en el mostrador del almuerzo fue maleducado conmigo, pero yo respondí con la misma mala educación... Pon nombre a estos errores y "pide perdón a Dios por tus faltas y resuelve, con su gracia, enmendarlas".


3. Sé "indiferente".


Podrías pensar: Espera, ¿no son los jesuitas unos tipos duros, con los ojos de acero, siempre luchando por el magis? Pero en la espiritualidad ignaciana la indiferencia no es lo mismo que la apatía. San Ignacio escribe: "Es necesario hacernos indiferentes a todas las cosas creadas... debemos elegir sólo aquello que es más propicio para el fin para el que somos creados".


La indiferencia ignaciana nos insta a enfocarnos en descubrir y perseguir lo que Dios piensa que es importante, no en nuestras propias pequeñas agendas y preferencias. ¿Cómo me está guiando Dios y llamándome ahora, hoy, en este momento?


El entrenador de fútbol de mi hijo llega siempre tarde, y eso me molesta. Pero es un gran entrenador y mi hijo parece feliz, así que tal vez necesito dejar ir mi frustración. ¿Qué es para la mayor gloria de Dios?


"El fin para el que somos creados" es "alabar, reverenciar y servir a Dios nuestro Señor y mediante esto salvar nuestras almas". Ten presente esta finalidad en tu vida. Da siempre gloria a Dios.


Joe Laramie, S.J.

Director de la RMOP Estados Unidos - Canadá


Artículo publicado en:

www.americamagazine.org

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