¿Qué es la oración?

"Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría"


(Santa Teresita del Niño Jesús, Copatrona de la Red Mundial de Oración del Papa)



ES DON DE DIOS

"La oración es la elevación del alma a Dios, o la petición a Dios de bienes convenientes" (San Juan Damasceno".

¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y desde nuestra propia voluntad, o desde "lo más profundo" de un corazón humilde y contrito?

El que se humilla será ensalzado. La humildad es la base de la oración. "Nosotros no sabemos pedir como conviene" (Ro. 8,26). La humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios, como dijo San Agustín.

"Si conocieras el don de Dios..." (Jn 4,10). La maravilla de la oración se revela precisamente allí, junto al pozo donde vamos a buscar nuestra agua: allí Cristo va al encuentro de todo ser humano, es el primero en buscarnos y el que nos pide de beber. Jesús tiene sed; su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él.

"Tú le habrías pedido, y Él te habría dado agua viva" (Jn 4,10). Nuestra oración de petición es, paradójicamente, una respuesta a la queja del Dios vivo: "Me dejaron a mí, manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas agrietadas" (Jer 2,13). Es respuesta de fe a la promesa gratuita de salvación; es respuesta de amor a la sed del Hijo único.


ES ALIANZA

¿De dónde viene la oración del hombre? Cualquiera que sepa el lenguaje de la oración (gestos y palabras), el que ora es todo el hombre. Sin embargo, para designar el lugar de donde brota la oración, la Sagrada escritura habla a veces del alma, o del espíritu y, con más frecuencia (más de mil veces), del corazón. Es el corazón el que ora. Si el corazón está alejado de Dios, la expresión de la oración es vana.

El corazón es la morada donde yo estoy, o donde yo habito (donde yo "me adentro", según expresión bíblica). Es nuestro centro escondido, inaprehensible, ni por nuestra razón ni por la de nadie; sólo el Espíritu de Dios puede sondearlo y conocerlo. Es el lugar de la decisión, en lo más profundo de nuestras tendencias psíquicas. Es el lugar de la verdad, allí donde elegimos entre la vida y la muerte. Es el lugar del encuentro, ya que, a imagen de Dios, vivimos en relación: es el lugar de la Alianza.

La oración cristiana es una relación de alianza entre Dios y el hombre en Cristo. Es acción de Dios y del hombre; brota del Espíritu Santo y de nosotros, dirigida por completo al Padre, en unión con la voluntad humana del Hijo de Dios hecho hombre.


ES COMUNIÓN

En la nueva Alianza, la oración es la relación viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo. La gracia propia del reino de Dios es, como dijo san Gregorio Nacianceno, "la unión de la Santísima Trinidad toda entera con el espíritu todo entero". Así, la vida de oración es estar habitualmente en presencia de Dios, tres veces santo, y en comunión con Él.

Esta comunión de vida es posible siempre, porque, mediante el bautismo nos hemos convertido en un mismo ser con Cristo (Ro 6,5). La oración es "cristiana" en cuanto es comunión con Cristo y se extiende por la Iglesia que es su Cuerpo.

La dimensiones de la oración son las del amor de Cristo.

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