¿Por qué programar un tiempo para tener un encuentro diario con Dios?


A menudo, cuando miramos nuestra propia vida de oración, es demasiado fácil verla como otro elemento para "marcar" en nuestra lista de tareas pendientes. Sigue siendo una tarea como cualquier otra que tengamos en nuestro programa y la realizamos sin pensarlo dos veces.

Sin embargo, la oración es mucho más que una tarea que "debemos" hacer. La oración es una relación. Como lo expresó tan elocuentemente Santa Teresa:

Para mí, la oración es un impulso del corazón; es una simple mirada dirigida al cielo, es un grito de reconocimiento y de amor, que abarca tanto la prueba como la alegría.

Esta cita se colocó deliberadamente al comienzo de la sección del Catecismo sobre "Qué es la oración" y siempre debe tenerse en cuenta. La oración es siempre una acción del corazón, cuando clamamos a Dios y le presentamos todas nuestras necesidades y preocupaciones.

Esta realidad se nos recuerda en el quinto paso del " Camino del Corazón", que se titula "Nos llama sus amigos". Como Jesús explicó a sus apóstoles antes de su crucifixión:

Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi Padre, os lo he dado a conocer. (Juan 15:15)

Es por eso por lo que necesitamos hacer espacio en nuestro horario para una conversación personal de corazón a corazón con Dios. Es la forma más sencilla y difícil de rezar. Consiste en hablar con Dios como si estuvieras hablando con la persona en la que más confías. Esto significa no solo hablar de sentimientos, pensamientos o deseos superficiales, sino, lo que es más importante, hablar de lo que realmente te está molestando en tu corazón. Puede haber una herida profunda que todavía está allí desde su niñez, o una duda real de que Dios existe debido a un mal profundo que ha sucedido en tu vida. Sobre todo, lleva todo a Dios, especialmente los deseos y las heridas más profundas de tu corazón.

No hay fórmula en este método de oración. Es una simple conversación con Dios, donde debemos hablar, pero también escuchar (y muchas veces la respuesta no llega de inmediato o en palabras audibles).

Dios desea estar cerca de nosotros y nuestras necesidades y quiere escuchar lo que está en nuestro corazón. Llevémosle todo, incluso los detalles más mundanos, y confiemos en que él está escuchando con compasión.

Dios quiere desarrollar una relación con nosotros. Aceptemos la invitación y respondamos con amor.


Philip Kosloski

Red Mundial de Oración del Papa – EEUU

www.popesprayerusa.net

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