Lo que nos da vida


Queridos amigos y amigas de la Red de Oración del Papa:


Este mes el Papa nos propone poner el corazón y la mirada en un desafío muy actual: las personas que sufren depresión y agotamiento extremo. ¡Cuántas personas conocemos que se encuentran en esta situación y cuántas veces hemos sentido nosotros mismos pesadez en el alma, cansancio y tristeza!



Francisco nos dice: “Recemos para que las personas, que sufren de depresión o agotamiento extremo, reciban apoyo de todos y una luz que les abra a la vida”. Al iniciar el mes quiero poner la atención en algunos puntos que nos pueden ayudar a entrar en una mejor comprensión del tema.


La primera cosa es que es una intención de oración que está en directa relación con la calidad de vida de las personas en esta sociedad en la que vivimos, en la que la vorágine, la aceleración y la dispersión la van degradando. Estamos inmersos en una cultura del hacer y producir en detrimento de una cultura del ser y permanecer. Está bien visto y se valora que una persona esté “siempre ocupada” sin darse espacio para el “ocio”. Este estilo de vida impulsa a las personas a hacer una tarea tras otra y a tener múltiples cosas empezadas de manera simultánea, en medio de una dispersión y velocidad para atender todas “las ventanas abiertas” cual computador personal.


Pasar rápidamente por las cosas que hacemos, nos impide gustar, tomar conciencia, poner todos nuestros sentidos interiores y exteriores en ellas, y acabamos por no darnos cuenta el impacto que las cosas tienen en nosotros, si nos ayudan, si nos dan vida o si por el contrario son fuente de un deterioro que nos conduce a caminos de muerte.


Vivir con sabiduría es aprender a saborear las cosas a tomarnos tiempo para vivirlas, detenernos en ellas para reconocer cómo nos impactan y la transformación que producen en nosotros. Lo que vivimos y lo que hacemos nos ayuda a ser, nos vamos haciendo en lo que vivimos. Por eso es fundamental reconocer y darnos cuenta si nuestra cotidianeidad nos humaniza o si nos deshumaniza; si nos hace más cercanos al Señor y los hermanos o si nos aleja de ellos; si nos abre a la Vida o por el contrario nos lleva por caminos de muerte por los que nunca hubiéramos querido transitar. Numerosas personas sufren de depresión como consecuencia de este estilo de vida acelerado y agobiante que los deja vacíos y sin sentido, portadores de una mirada apesadumbrada y gris, faltos de esperanza en su mundo cerrado y sin salida. Es un flagelo una enfermedad que pesa y que hace sufrir.


Este mes estamos invitados a volver la mirada a nuestra manera de vivir cotidianamente, el tiempo que damos a las cosas, si somos capaces de hacernos el tiempo para el ocio sano de compartir y estar con los otros, de rezar, leer un buen libro, cuidar una planta, escuchar música, hablar con un amigo, dar tiempo a las personas queridas. Y también a tender una mano a quienes están sufriendo las consecuencias de una vida acelerada y agobiante. Francisco nos dice que “la vía de salida está en la relación, en tender la mano y en levantar la mirada hacia quien nos ama de verdad”. Y nos habla de dos perspectivas: “Muchas veces, ante un peso de la vida o una situación que nos duele, intentamos hablar con alguien que nos escuche, con un amigo, con un experto... Es un gran bien hacer esto, ¡pero no olvidemos a Jesús! No nos olvidemos de abrirnos a Él y contarle la vida, encomendarle personas y situaciones”.


Es un mes para cuidarnos y cuidar a los otros, acompañar a quienes sufren este flagelo y orar por ellos. Que el Señor que invita a ir a su Corazón a quienes están afligidos y agobiados, nos dé el reposo y la paz que sólo vienen de Él.


Oramos unos por otros.


Bettina Raed

Directora Nacional de la Red Mudnial de Oración del Papa

Argentina-Uruguay

www.elmensajeroaru.org

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