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Junio: Orar por las familias

"Recemos por las familias cristianas de todo el mundo, para que, con gestos concretos, vivan la gratuidad del amor y la santidad en la vida cotidiana".


No es la primera vez que el Papa nos propone una intención por la familia. Lo hizo recientemente, en los años 2018 y 2019, presentándonos las familias como “tesoro de la humanidad” y “laboratorios de humanización”, respectivamente.


En este 2022, Francisco ha querido clausurar el Año de la Familia Amoris Laetitia con una intención centrada en la gratuidad del amor y la santidad en la vida cotidiana de las familias.


Situando las intenciones de mayo a julio como tríptico, en el que relaciona a los jóvenes, las familias y los ancianos, pretende resaltar que la salud de las familias se apoya en la relación entre las generaciones y, en particular, entre los jóvenes y los ancianos, los nietos y los abuelos. La familia es el corazón de esta relación, el ámbito en el que se encuentran estas generaciones.


Los ejes alrededor de los cuales gira la intención de este mes han sido desarrollados frecuentemente por Francisco en diferentes intervenciones, concretándonos así, casi en forma de decálogo, una propuesta de vida familiar:


Vivir la gratuidad del amor con gestos concretos


1. “Cultivar el diálogo en familia. Claro que esto requiere un especial ejercicio de paciencia, no es fácil estar juntos toda la jornada”


2. "Que el hogar sea un lugar de acogida y de comprensión".


3. Cuando surja algún conflicto, «nunca terminar el día en familia sin hacer las paces»


4. “Hay que salir a través del camino de la ternura, de la escucha, del acompañar, sin preguntar... Sí, con este lenguaje, con esta actitud las familias crecen”


5. “La unidad de todos los miembros de la familia y el compromiso solidario de ésta con toda la sociedad son aliados del bien común y de la paz”


Santidad en la vida cotidiana


6. “Al contrario del espectáculo, está «la perseverancia de muchos cristianos que llevan adelante la familia: hombres, mujeres que se preocupan por sus hijos, que llegan a finales de mes con menos de un euro solamente, pero oran». Y el reino de Dios «está allí, escondido en esa santidad de la vida cotidiana, esa santidad de todos los días»”.


7. “Debemos aprender a «ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa [...] Es muchas veces la santidad “de la puerta de al lado”, de los que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios»”


8. “También hoy quiere hacer grandes cosas con nosotros en la vida de todos los días, es decir, en la familia, en el trabajo, en los ambientes cotidianos. Ahí, más que en los grandes acontecimientos de la historia, ama obrar la gracia de Dios. Pero, me pregunto, ¿lo creemos? ¿O pensamos que la santidad es una utopía, algo para los profesionales, una ilusión piadosa incompatible con la vida ordinaria?”


9. “La familia es lugar de santidad evangélica, llevada a cabo en las condiciones más ordinarias. En ella se respira la memoria de las generaciones y se ahondan las raíces que permiten ir más lejos. Es el lugar de discernimiento, donde se nos educa para descubrir el plan de Dios para nuestra vida y saber acogerlo con confianza. La familia es lugar de gratuidad, de presencia discreta, fraterna, solidaria, que nos enseña a salir de nosotros mismos para acoger al otro, para perdonar y sentirse perdonados”.


10. “No se avergüencen de arrodillarse juntos ante Jesús en la Eucaristía para encontrar momentos de paz y una mirada mutua hecha de ternura y bondad. O de tomar la mano del otro, cuando esté un poco enojado, para arrancarle una sonrisa cómplice. Hacer quizás una breve oración, recitada en voz alta juntos, antes de dormirse por la noche, con Jesús presente entre ustedes”.



Concretar la intención en nuestra vida


Las intenciones que el Papa nos propone cada mes pueden ser desplegadas en actitudes que nos ayudan a encarnarlas en nuestra propia vida. Algunas sugerencias para este mes podrían ser:


Santidad en la vida cotidiana.


“Todo puede ser aceptado e integrado como parte de la propia existencia en este mundo, y se incorpora en el camino de santificación. Somos llamados a vivir la contemplación también en medio de la acción, y nos santificamos en el ejercicio responsable y generoso de la propia misión” (Papa Francisco).


Haz bien lo que te toca, con alegría y poniendo todo el corazón.


Escuchar.


“Hay que recordar que el discernimiento orante requiere partir de una disposición a escuchar: al Señor, a los demás, a la realidad misma que siempre nos desafía de maneras nuevas. Solo quien está dispuesto a escuchar tiene la libertad para renunciar a su propio punto de vista parcial o insuficiente, a sus costumbres, a sus esquemas” (Papa Francisco).


Pide la mirada de los otros dentro de tu familia, no decidas solo/a, permite que los demás te interpelen.


Hacerse responsable.


“El desafío es vivir la propia entrega de tal manera que los esfuerzos tengan un sentido evangélico y nos identifiquen más y más con Jesucristo” (Papa Francisco).


Presta atención en aquellas cosas en las que puedes ser útil a tu familia, y asume el compromiso.


Servir.


“No se discierne para descubrir qué más le podemos sacar a esta vida, sino para reconocer cómo podemos cumplir mejor esa misión que se nos ha confiado en el Bautismo, y eso implica estar dispuestos a renuncias hasta darlo todo” (Papa Francisco).


¿Sirves cotidianamente en pequeños gestos, sin quejas y sin pedir nada a cambio?


Amar con gratuidad.


“Es cierto que no hay amor sin obras de amor, pero esta bienaventuranza nos recuerda que el Señor espera una entrega al hermano que brote del corazón, ya que «si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría»” (Papa Francisco).


¿Cómo vives el perdón en tu familia? ¿Perdonas y pides perdón?

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