Jesús, imán


"Si era rubio o moreno no sé,

pero alegre como un alfabeto de pájaros.

Si era bajo o esbelto no sé,

pero tenía el corazón más alto que una rosa.

Si era hermoso su rostro no lo sé,

pero mi alma vive del agua de mirarlo"


José Luis Martín Descalzo


Jesús:

Poco sabemos de tu mapa corporal.

Sólo que, cuando niño, crecías en desarrollo físico.

Sólo que, cuando mayor, te cansabas y sentías sed

Sólo que debías parecerte a María, tu madre.

Sólo que debiste ser muy bello,

pues la tierra, con sola tu figura,

vestida la dejaste de tu hermosura.

A muchos nos agrada pensar que fuiste

como el positivo de la sábana santa de Turín,

con su nobleza de rasgos y su belleza de rostro.

A veces envidiamos a tus contemporáneos y convecinos,

que pudieron conocerte y tratarte personalmente.

Pero Pablo no necesitó verte en carne mortal

para amarte como el más fervoroso de tus discípulos.

Tampoco nosotros debemos apoyarnos en tu figura exterior

para enamorarnos profundamente de tu persona.

Lo que importa no es tanto conocer la letra de tu cuerpo

cuanto escuchar la música de tu espíritu.

Lo que interesa no es tanto retratar tu carne

cuanto radiografiar tu corazón y tu alma.

Pero Tú dijiste que nadie te conoce sino el Padre

y aquellos a quienes el Padre Te quiera revelar.

Por eso, le pedimos a Él, con el autor de los Ejercicios,

"conocimiento interno" de tu ser interior.

Y con Pablo, "conocer la anchura, la altura y la profundidad

del misterio escondido durante siglos": tu personalidad.


Jesús, deseamos saber y saborear cómo eres Dios-con-nosotros,

siendo un hombre como los demás, uno de tantos.

Para tener tus mismos sentimientos, como nos pide Pablo,

hemos de conocer cuál es tu constelación psicológica.

Auscultándote en el Evangelio, te percibimos:

pobre de espíritu, manso y humilde de corazón,

misericordioso ante las miserias humanas,

sensible ante las lágrimas y las alegrías ajenas,

sencillo y pacífico como las palomas,

abierto a la amistad y a las confidencias,

altruista hasta ayudar y desvivirte por los demás,

solidario hasta ser el hombre que muere por el pueblo,

servicial y generoso hasta dar la vida por todos.

Ayúdanos a imitar la actitud fundamental de tu espíritu

traducida en la praxis cotidiana de "pasar haciendo bien".

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