El MEJ, una misión de compasión.


Mi experiencia de Dios no ha sido lineal e inamovible. De niña me era fácil encontrar a Dios en medio de la vida y relacionarme con Él a través de las oraciones que aprendí en el colegio y en mi casa. Más tarde, en la adolescencia, fue más difícil hacerlo. Las oraciones aprendidas ya no eran suficientes, necesitaba algo más y no me bastaba con reconocer a Dios en la naturaleza y en las cosas bonitas. En esta etapa de mi vida me di cuenta de que existía un mundo desigual, que había injusticia y sufrimiento y me preguntaba dónde estaba Dios y qué hacía ante eso.


Me encontré con Jesús y con su manera de acercarse al dolor y a las injusticias a través de los Ejercicios Espirituales de Sant Ignacio de Loyola y las misiones de Semana Santa. Entendí que Dios camina con nosotros, se compadece y pone deseos en nuestros corazones.


La experiencia de Dios no es igual en la niñez que en la adolescencia y cada persona tiene su ritmo con Jesús. Y que a Dios se le encuentra en medio de realidades que claman, que requieren de nuestra compasión, porque Dios quiere hacerse presente y necesita de cada uno para hacerse visible a través de gestos concretos que sostengan a otros en medio de sus dificultades.


En el MEJ me gusta fomentar el contacto con la realidad, con la vida cotidiana, situaciones que suelen vivir los adolescentes, con espacios de silencio para que puedan encontrar a Dios en medio de ellas y, así, puedan hacer del MEJ más que un movimiento, un estilo de vida.


Cuando yo descubrí que Jesús se retiraba a orar al monte y no se limitaba a buscar a su Padre en el templo, sino que lo compartía con todas las personas que llegaban a él buscando acogida y consuelo... ricos y pobres, mujeres y hombres, niños y adultos, enfermos y sanos, judíos y paganos... comprendí que esto era un regalo para compartir. Los adolescentes en el MEJ son capaces de ir creciendo en sensibilidad para "encontrar a Dios en todas las cosas" y, en su vivencia del silencio interior, descubrir el paso de Dios por su vida. Esto genera jóvenes comprometidos con los otros.


El MEJ me ha regalado la oportunidad de ser testigo del paso de Dios en la vida de los jóvenes y ver cómo esto les transforma, les hace compasivos y transforma la realidad que les rodea. Por eso, me siento orgullosa de decir #YoSoyDelMEJ


Celina Segovia Sarlat RJM

Coordinadora Nacional MEJ México



16 vistas